En 1901, el maestro relojero Gregorio Molero, a partir de amplios conocimientos del mundo de la joyería adquiridos tras años de experiencia en el sector, abrió su primer establecimiento en el número 149 de la madrileña calle de Alcalá. Comenzaba así una larga tradición familiar que durante un siglo ha hecho posible ofrecer el servicio más variado y profesional del gremio de la joyería a sus distinguidos clientes.
Molero Joyeros continuó la labor de su fundador en la persona de su hijo, José Luis Molero Pons, quien incorporaría a la firma los servicios de joyería y platería para pasar posteriormente el testigo a sus hijos.
En el año 1974, el negocio amplió sus instalaciones con la apertura de una nueva tienda en el número 43 de la calle Narváez, en la que se ha venido manteniendo el compromiso con la calidad que caracteriza a esta firma.
Un tasador, dos especialistas en diamantes y tres gemólogos componen el equipo de profesionales que hacen de la firma Molero una referencia obligada para la adquisición de los mejores artículos de joyería existentes en el mercado.